Mostrando entradas con la etiqueta CABALGA-CULTURA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CABALGA-CULTURA. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de diciembre de 2009

Manifestarte: Danzan Pie de Lana con Juan de Corz en el Cerro del Carmen

Rechinan por séptimo año consecutivo las guitarras en estas tierras de Pie de Lana.
Estamos en el Cerro del Carmen. Es el fin de semana recién pasado cuando se celebra el festival Manifestarte.
—Para quienes no lo supieran, Pie de Lana fue un ladrón del siglo XIX que, cuenta la leyenda, robaba a los ricos para dárselo a los pobres y que fue colgado en un aguacatal estirado justo detrás del templo, en la cima desde donde se otea el sur del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala—.
Las trompetas devuelven la inhalación convertida en jazz, y asciende la música sobre la colina. Estamos al aire libre y hay música para todos los gustos; hay ritmos interpretados por músicos de todas las marcas. En el ambiente flotan el genérico jazz, el rabioso rock, los vetustos boleros y los tristes trovadores, todas las notas musicales vuelan abrazadas como alegres borrachas que pasean sobre las tierras de Juan de Corz.
—Para quienes no lo supieran, la ermita del Cerro del Carmen fue fundada por nuestro lujurioso y simpático héroe Juan de Corz, allá por el siglo XVII. Hoy es la ermita más bella del mundo, millones de veces fotografiada por turistas nacionales y extranjeros—.
Además, hay poesía, pintura, fotografía, teatro y danza. Los asistentes se congregan y disgregan por las faldas del legendario lugar.
Durante estos dos días, el Cerro acuna, como si fueran hermanos, al arte clásico y al de los mochileros. Es interesante ver cómo en un mismo sitio maman de la misma tierra bardos de tan opuestos bandos y estilos. Por ejemplo, exponen sus pinturas tanto paisajistas como artistas contemporáneos; ejecutan —casi hasta despedazarla— su guitarra los músicos de rock y los raperos se desgañitan en malabares verbales. Hay escritores de esos que hablan de la patria, de las flores y de inasibles musas que se postran con reverencia ante la santa rima, y otros que ladran versos que contienen paisajes lésbicos, falos, vulvas y melancolía existencial.
Además, Manifestarte logra reunir a personas de casi todos los estratos económicos que acuden a escuchar el tañido de los tambores que sueltan los poetas, las maracas y los pintores.
El lema de este año es “Arte por un mundo más humano”.
Aquí todo es hermandad, tolerancia y vivacidad. Lo que nos preguntamos después del festival, a manera de reflexión final, es ¿qué mal karma impide que la ciudad sea un Manifestarte permanente?
Vivimos en un lodazal increíblemente ancho y hondo, todos los días. La crueldad cotidiana es profunda. Guatemala es un país reprimido por la violencia. Lastimosamente, solo de cuando en cuando (¡tan solo una vez al año!) la Policía y sus secuaces dan feriado a los criminales.
Nos alegramos con los organizadores de Manifestarte, todos voluntarios, por tan elevado logro que atañe al espíritu y la recreación; han tenido la misión de prender la mecha hace ya siete años y consiguen recordarnos que ese es el estado natural del ser humano: la convivencia, el respeto y la tolerancia. Este y otros festivales similares son los que devuelven a la ciudad la paz que le es robada diariamente.
Larga vida a Manifestarte, fiesta anual en la que danzan Pie de Lana con Juan de Corz, embriagados de tostadas y atol de elote en el Cerro del Carmen.



Mi otro Blog, bienvenido/as a:
La Era del Moscardón:

jueves, 5 de noviembre de 2009

Murió el Filósofo

Ha muerto un gran pensador. ¿Cuántos más deberán morir?

Creo que en nuestro país no hemos sabido escuchar ciertas voces importantes que apuntan hacia el horizonte. Serán las generaciones futuras las que deberán conocer la obra de grandes intelectuales como la del recientemente fallecido Jaime Barrios Peña (Guatemala, 1922- Estocolmo, Suecia, 2009).
Autor de más de 20 libros y gran cantidad de artículos sobre psicoanálisis, educación, antropología, arte y filosofía, tiene un extenso currículo que ocuparía unas páginas del diario. Solo escribiré un par de datos: doctor en Filosofía especializado en Psicología, con estudios en universidades de varios países; fue diplomático durante 18 años, tiempo durante el cual realizó festivales folclóricos en el extranjero; organizó conferencias, algunas de las cuales en su momento fueron dictadas por Miguel Ángel Asturias; colaboró con la llegada del Ballet Nacional de Guatemala en el Teatro Colón de Bogotá, y el Festival de Comunidades Indígenas en el Teatro San Martín de Buenos Aires.
En agosto del 2003 le hice una entrevista, y quisiera citar una de sus respuestas.

JCL: ¿Por qué decidió vivir fuera de Guatemala?
JBP: “Circunstancias familiares y profesionales, pero esto no quiere decir que olvide a un pueblo que corre por mis venas como tradición, canto de pájaros en las selvas, vuelo de tucanes, murmullos de selva entre pirámides, las posadas, las procesiones y la voz amanecida de nuestras auroras”.

Muy poco es lo que podemos hacer desde los medios de comunicación por atraer la atención hacia los grandes intelectuales como Barrios Peña. Si mucho, alguna mención, alguna entrevista y algo de persistencia para la memoria. Pero es casi nulo el interés que por ellos muestran las universidades —las privadas y la pública—, las escuelas de arte y los entes magisteriales.
Se suele achacar la falta de apoyo a los artistas -y casi siempre es una queja razonable, pues los periodistas muchas veces no pasan de escribir dos líneas a manera de anuncio o refríen un boletín-, pero es todavía más reprochable el desdén e indiferencia que demuestran sus colegas y académicos al artista.
Como Barrios Peña, hay escritores, pintores, investigadores, músicos, actores de teatro que tienen 20 ó 50 años de vivir en Suiza, Italia, México, Francia, Alemania, Japón, Estados Unidos y otros países.
¿Es que tienen que morir para ser recordados? ¿Qué universitarios conocen a Carlos Solórzano, ese ilustre escritor que vive en México y cuya obra es 10 veces más importante que la de Monteforte Toledo? —Y lo digo sin interés en provocar a sus devotos, pues solo me interesa explicar la importancia de lo ignorado—.
¿Qué decanos de Humanidades han hecho contacto con el destacado actor Mario González que instruye a cientos de artistas europeos? ¿Han oído hablar del pintor Jacobo Rodríguez Padilla, quien vive en Francia? ¿Fueron los humanistas a ver la prodigiosa actuación de la actriz Carmen Samayoa, cuando vino por unos días a Guatemala? ¿Saben nuestros intelectuales que uno de los mejores violinistas del mundo es Henry Raudales? ¿Es que han oído hablar de Luis E. Rivera, Antonio Cosenza, Abel Solares, Julio Cambranes, Francisco Nájera, Rina Lazo, Erwin Schumann, etcétera?
¿Cuántos estudiantes de filosofía, docentes de esa materia y los historiadores conocen la obra del doctor Barrios Peña? ¿Saben ellos, por ventura, que él habría llegado gustoso a charlar con los estudiantes a las facultades -venía a su tierra de cuando en cuando- y que habría dado conferencias sin interés económico alguno?
La muerte del filósofo nos recuerda que “es un soplo la vida”; pero, además, que deberíamos volver los ojos hacia muchos guatemaltecos que, como él, tienen bien ganado un amplio reconocimiento.
Y no solo los que viven en el extranjero; recordemos, a propósito, su libro Herederos del espíritu de Kukulkán (Artemis Edinter), ensayo sobre artistas de la plástica guatemalteca (Carlos Mérida, González Goyri, Grajeda Mena, Jacobo Rodríguez Padilla, Dagoberto Vásquez, Abularach, Recinos, Roberto Cabrera, Quiroa, Magda Eunice Sánchez, Luis Díaz, Élmar Rojas, Ramón Banús, El Tecolote Ramírez Amaya y Erwin Guillermo).



(Mi otro Blog, bienvenido/as a:La Era del Moscardón:

jueves, 22 de octubre de 2009

Sobre el cierre de Metrópolis Contemporánea, programa cultural radial de Ángel Elías/ Un asunto de vergonzosa mezquindad

Esta semana (la tercera de octubre) fue clausurado el programa Metrópolis Contemporánea que dirigió, en la estatal Radio Faro Cultural durante cinco años, el escritor Ángel Elías.

Ante esa noticia, uno se pregunta por qué razón se suele cortar la cabeza de aquellos que con entusiasmo salen a la superficie para colaborar con otros.
Es una locura impedir el avance honrado de quienes con tesón hacen aportes culturales e incluso gastan el dinero de sus propios bolsillos.

Ángel Elías publicó más de 250 entrevistas hechas a músicos, cantantes, escritores, pintores, actrices, directores de teatro; en fin, a muchos de los más importantes artistas nacionales y a algunos extranjeros.
Elías no solo no cobró un centavo, sino además puso de lo suyo para trasladarse en bus extraurbano desde su natal San Martín Jilotepeque. Muchas veces se vio asediado por sus compromisos estudiantiles y laborales, pero jamás dejó de transmitir. No era un aficionado interesado en lucir a costa de los demás; sus intenciones no eran mezquinas; lo suyo era puro y sencillo, pero efectivo y de enorme valor documental.
Dentro de 10 o más años, quienes deseen ponerse al tanto del quehacer cultural del país, deberán hacer una parada obligatoria en sus entrevistas en las que escucharán la voz de personas como Dante Liano, Tasso Hadjidodou, María Teresa Martínez, Gustavo Palma Murga, Guillermo Paz Cárcamo, los integrantes de Alux Nahual, o del último que salió al aire: el gran pintor Miguel Ángel Pérez. Podría extenderme aquí citando a cientos de nombres.
Pero el sábado recién pasado, quienes acostumbrábamos sintonizar su programa nos encontramos con un segmento musical. A él ni siquiera le informaron que ya no publicarían su última entrevista —la cual hizo a Jesús Fernández, del Salón del Libro Iberoamericano, desde Asturias, España—. Y tenía en lista nada más y nada menos que al chileno Luis Sepúlveda (el autor de El viejo que leía novelas de amor; Nombre de torero; La locura de Pinochet, etc.)
Es decir, el programa se expandía. Aprendía a moverse por otros lugares del planeta oxigenando así las adormecidas ondas culturales del país.
Mas el lunes, cuando Elías llegó a grabar, el director de Radio Faro, el Sr. Antonio Juárez, lo llamó a su oficina para informarle que su programa quedaba clausurado. ¿La razón? Ángel Elías había estado “ganando” demasiado protagonismo y hasta parecía que estaba “representando a Radio Faro”.

¿Ganar protagonismo es ganar amistades? ¿Es ser entrevistado en los medios de comunicación? ¿Le molestó al director que esos cinco años de transmisión fueran celebrados por el Centro Cultural de España.
¿Ganar protagonismo es que haya sido invitado a un desayuno por parte de los promotores culturales? ¿Es una amenaza ser apreciado por los artistas? ¿Son esos los parámetros de representatividad cultural que considera importantes el director de una institución tan imponente como lo es —o debería ser— Radio Faro Cultural?

Ángel Elías merecía algo más que un dedo apuntando hacia la puerta de salida. Es vergonzoso.
En Guatemala, con las primeras lluvias de mayo, suelen brotar del suelo nuevos proyectos que crecen verdes; la tierra es fértil, echan hojas, pero de un momento a otro se asoma cualquiera con su camión a dejarle caer encima piedras y basura.

Las últimas entrevistas hechas por Ángel Elías pueden ser escuchadas en www.arteradial.blogspot.com
O si desea enviarle su agradecimiento —o condolencia—, este es su correo electrónico: culturaradio@yahoo.com


(Mi otro Blog, bienvenido/as a:
La Era del Moscardón:

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Cultura o farándula?

En algunos periódicos de Centroamérica —y del mundo—, el periodismo cultural es visto como un florero que igual adorna o estorba.

El periodista cultural, por su parte y en varios casos, es considerado el ocioso del diario, el que se va de tragos con los pintores; el que escribe una gacetilla sobre un recital de guitarra y otra sobre el cumpleaños de Saramago. Es visto como el encargado de recordarnos natalicios de gente famosa… En sus excesos, es el gato que reposa en el sofá y se eriza con una ópera. Es más, muchos estudiantes de periodismo eligen hacer sus prácticas en las secciones culturales porque creen que allí ganarán con facilidad.
A decir verdad, son los mismos periodistas culturales, muchas veces, quienes han dado la pauta a todo ello, desde los remotos tiempos de cuando grababan sus notas sobre planchas de piedra. La razón es que no siempre se tiene vocación. El periodista, muchas veces, no quiere convertirse en caza noticias de perros aplastados y prefiere hacer su real y soberano ingreso al mundo de los haraganes y glamorosos periodistas culturales.
No puedo imaginar a un periodista de esas secciones al que no le guste asistir a una galería de arte, a un concierto de rock o a un mercado. Y es que el periodismo cultural es más que observar ballet. Es una decidida ciencia y pasión que arrastra una monstruosa necesidad de comerse lo visto, de tragarse vorazmente lo escuchado y devolverlo escrito, así sea un concierto de música pop o de guitarra acústica. Esos y otros detalles nos los recordó uno de los mejores periodistas culturales del mundo, de habla hispana; su nombre es Jesús Ruiz Mantilla, escritor y periodista de El País Semanal, quien asistió con nosotros —algunos periodistas culturales de Centroamérica y del Caribe— la semana pasada a un taller sobre el tema, en Costa Rica.

Algo interesante es que en nuestros países la cultura es vista todavía como un segmento hecho por —y para— la élite. Algunos dinosaurios todavía consideran que el hip hop o los mariachis no son temas culturales. Afortunadamente, eso es cada día más absurdo. Farándula y cultura se vienen fundiendo desde hace tiempo, queramos o no.
Hace muchos años, cuando no había Internet, se decidió establecer la diferencia entre las Bellas Artes y música al estilo de lo que hoy serían Los Tigres del Norte, por ejemplo. Eso ha cambiado. Pero, ojo, no es asunto solo de mezclar informaciones en una página para estar a la moda. No es solamente asunto de meter chismes del perro de una cantante más la valiosa información de que fulana se operó las tetas y un ensayo sobre un libro de Böll o de Theodor Mommsen.
Al periodimo cultural se hace falta, muchas veces, sentio común.
Hoy día, el periodista cultural debería abordar con seriedad tanto una crónica reguetonera como un concierto de heavy metal o una ópera.
Centroamérica es, casi siempre, la última en establecer cambios. Primero observa cómo se está haciendo en otros lugares antes de dar el paso. Ya sea por miedo o por prudencia, esa sigue siendo la razón por la cual unos son amos y otros seguidores.

En estos tiempos, el periodismo cultural es motivo de amplias discusiones estéticas y antropológicas. Un teórico de gran importancia, el cubano Lázaro Israel Rodríguez —que vive en Cuba— estuvo presente y abrió fuego a la discusión sobre el poder que ya tienen las sociedades sobre las empresas periodísticas. Los blogs, el periodismo ciudadano y otras fuentes de información toman gran fuerza, afortunadamente.
La española Rosa Jiménez Cano, periodista madrileña integrante de periodismociudadano.com desde su fundación (hay que añadir que es pionera en ese campo, al menos en el periodismo ciudadano de habla hispana) explicó su manera de coordinar e implementar ese periodismo desde El País. Dicho sea de paso, creo que ambos, el cubano y la madrileña, están en polos opuestos respecto de la apreciación del poder y la hegemonía ciudadana sobre el periodismo, lo cual es saludable (quien desee profundizar sobre los sus puntos de vista, puede fácilmente rastrearlos en la Red).
Además, otro conocedor a fondo del tema y del aspecto sociológico es el chapín Rafael Cuevas, quien estuvo presente y nos recordó la falsedad que existe en abarcar la cultura desde puntos de vista tradicionales y hegemónicos. Gran pintor y escritor, este guatemalteco tiene formación en Rumania y vive en Costa Risa desde hace unos 30 años.

Lo importante sobre el periodismo cultural, en todo caso, es tomar conciencia de que quienes lo ejercemos lo hacemos con la misma pasión que pone un carpintero al mostrarle los mejores ángulos de sus mejores muebles. Y cualquier lector sabrá cuando tiene delante a un peridista con vocación o a aquel que se metió al periodimo cultural solo porque no sirvió en Económicas o en Políticas, y quería andar de paseo por los teatros. El periodista cultural tiene una extraña vocación por escarbar qué hay delante, a los lados y tras bambalinas.

Saludos.

(Mi otro Blog, bienvenido/as a: La Era del Moscardón:
http://www.juancarloslemus.com